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La copia de una obra de arte (pictórica,...) es una práctica secularmente codificada que generalmente se sitúa en la categoría de "reproducción" (facsímil, réplica,... o plagio). Difícilmente se la considerará arte verdadero aunque su nivel resulte de notable calidad; pues carece del impulso creativo que connota al original. Más controvertida sería la derivación de que la verdadera emoción sólo emana de la admiración (o posesión) de la "creación auténtica". ¡Pero, démoslo como canónico!

Algo diverso haría al caso de la valoración de las creaciones basadas en la utilización de obras de autores precedentes, por aquello de que esa "inspiración" (apropiación, homenaje, reciclaje,...) le resta la citada sacralidad a su "epígono". ¡... canónico!

Así que practicar una fiel copia, el elaborar variantes de una creación (incluso de obra gráfica –"original múltiple"–), o zambullirse en un decollage respetuosamente infiel, también resultarían "otra cosa". Y ésta es nuestra práctica. ¡Califíquenla a placer!

Y poco cabría añadir si no fuese porque tal minusvaloración también podría aplicarse equiparando nuestras obras a las creaciones de la pléyade de "verdaderos autores con obra original"; aunque esta, con harta frecuencia, resulte propia de diletantes profesionales (sic.). Y como casi nunca conviene cerrar los ojos... al menos aquí, dejamos constancia de ello.

>> Pergaminos
Copias de pintura sobre pergamino envejecido (facsímiles de códices medievales).
Réplicas maestras en copias limitadas, numeradas y firmadas al dorso. También restauración.

>> Grabados
Impecables reproducciones digitales de viejos grabados populares, singularmente iluminadas a mano, o...

>> Dibujos y...
Auténticos dibujos, pinturas, u obras mixtas, inspiradas en la conjunción de distintas creaciones.

 

 

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